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El Sol

(De un discurso en la Universidad Autónoma de Talxcala, 1994)

 

El arte habita en la profundidad del inconsciente; es herencia del hombre desde su tránsito a lo humano.

La respiración, el pulso cardiaco y las pausas de silencio que origina el sentido del ritmo, nacen de un principio estético que, a lo largo del tiempo, evoluciona en múltiples combinaciones matemáticas.

Del erotismo y la conciencia de la muerte emerge el arte, el cual, en un proceso complejo, adquiere significados diversos: no es sólo estético, es un instrumento para el conocimiento.

El maestro Adolfo Sánchez Vázquez, refiriéndose a un escultor, establece:

(…)Es un artista de la observación, es un maestro del ver, enseña el arte de observar las cosas. La obra de arte enseña a observar exactamente… de manera profunda.

No sólo enseña lo que ella modela, sino también otros objectos. Enseña a observar en general. El arte de la observación. La obra no sólo es una representación del objecto, una explicación del objecto. La obra de arte enseña a ver justamente las cosas del mundo.

Schiller encuentra en el arte la solución entre el mundo de los sentidos y el pensamiento como un estado en que el hombre descubre la libertad.

El aporte de los artistas a la cultura consiste en que sus mejores obras contribuyen a profundizar la noción de libertad en un sentido filosófico y a afirmar la conciencia de ser.

El arte no es producto de la naturaleza, ni del instinto, ni siquiera de la sensibilidad… “esa región oscura e indeterminada del espíritu”, como dijera Hegel. El arte es un producto de la libertad ejercitada como voluntad consciente, lo que precisamente diferencia arte de artesanía.

En México, a principios del siglo XX, con la Revolución Mexicana, tomaron cause los grandes trazos, las líneas de afirmación de una cultura iniciada diez mil años atrás.

Aprendimos a vernos.

En los años veinte–en el arte– se produjo lo que se llamó el Renacimiento de la pintura mexicana.

Jean Charlot escribió: ” (…) hubo una época en México, en que todos los soles emergieron para florecer”.

Mildred Constantine, que en aquellos años vino a México para hacer un posgrado en arte colonial afírmo: “Abandoné aquel propósito y lo nuevo ganó mi imaginación y mi interés… pintores de overol plasman el significado de la Revolución en los muros públicos… Los críticos del mundo entero sentían que éste era el primer gran arte moderno que se creaba en América” .

 

El Sol
Cua
dernos De Amaxac: A Fin De Cuentas, El Arte Arde En El Infierno
Federico Silva