The bell hooks phone line bothers me

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Practicing consent is a model of accountability that affirms dignity and is most meaningful when it centres the intersections of oppression and colonialism. This is an essential part of feminism, one that all genders need to be embrace and embody; smashing heteropatriarchy is critical to collective liberation.

The rest of the article is here.

Tradición Y Circunstancia

Una reflexión sobre los retos del arte ante los grandes cambios del siglo XXI

 

(Conferencia impartida el 11 de diciembre de 2011, antes de Iraq, en la Pinacoteca del Estado de Tlaxcala)

 

Al finalizar el siglo, hubo la esperanza de que, terminados los violentos ciclos de guerra, los países y los pueblos se encaminarían a edificar los espacios de paz y tolerancia; pero ocurrió un hecho nuevo e inesperado que cambió la manera de percibir presente y futuro, un hecho de ciencia ficción. Las cámaras de televisión apuntaban al banco… el mundo era testigo de la invulnerabilidad del gigante y más tarde fue y sigue siendo, también testigo del más poderoso ejercicio de violencia y de fuerza, acabando con todo, los camellos y las cuevas, y con miles de curiosos hambrientos que ven volar, como destellos diabólicos, artefactos que lanzan anuncios de buena voluntad.

 

El plan estaba trazado, primero la Guerra del Golfo, después Afganistán, tercero, la liquidación del pueblo palestino, todo en nombre de la gran cruzada contra el terrorismo, la guerra santa, la justicia infinita.

 

Las Torres Gemelas fueron demolidas espectacularmente, con más eficacia que el incendio del Reichstag, ya que en los años treinta no había televisión. Hitler entonces mandó incendiar aquel edificio emblemático para culpar a los comunistas y así afirmarse en el poder, exaltando el sentimiento nacionalista del pueblo. Bush decidió declararle la guerra a los cuatro vientos y perseguir a Bin Laden, sin acudir a los recursos que para el caso nos tiene acostumbrados el cine norteamericano.

 

No quise que pasara este año trágico y crucial para millones de habitantes dañandos en un integridad física, su dignidad religiosa y cultural, sin tener la oportunidad de hacernos algunas preguntas; en este caso, preguntas acerca del arte y de la política, cuestiones éstas que, por ser antípodas, en su camino circular se encuentran — sin reconocerse –, la política (en el mejor de los casos), como una práctica vinculada con las ciencias sociales, y el arte, comom un milagro sobre la tierra.

 

Ante los diversos problemas que el mundo padece, es difícil plantearse salidas optimistas acerca de nuestro destino como nación, como sociedad, y en el fragmento y la escala que corresponde: el destino de las artes.

 

La sociedad actual se encuentra despolitizada por analfabeta, por el ejetreo ideológico de los partidos políticos, el fútbol y la acción sistemática de la vulgaridad y violencia de la televisión y sus acosos propagandísticos. Hay un zumbido constante que nos impide pensar en un ruido, que deja sin voz a la sociedad y la hace aparecer sumisa y callada, sólo dispuesta a responder a las preguntas maniqueas de politólogos ocultos, urdidas todas las noches en la televisión comercial.

 

Hay un signo preocupante que se generaliza: el signo de la duda.

 

La probreza ideológica, la nula definición de rumbo y de nación.

 

La confusión que favorece los oportunismos y la traición.

 

Para comprender el fenómeno del arte o para abordarlo como creador, hay que advertir que existen dos elementos que están suspendidos sobre nosotros y que tienen peso, estos son la Tradición y las Circunstancias.

 

La tradición es el conjunto de bloques de memoria que han quedado impresos en la conciencia colectiva. Y las circunstancias son la realidad social, física, psicológica, histórica.

 

Un poeta chino del siglo XIV dijo: “En el principio no había caminos, pero cuando todos los hombres marchan en una dirección surge el camino… Los bosques de memoria son los caminos, son los rumbos que ha tomado la colectividad, son los eventos colectivos que han marcado momentos históricos: la trascendencia de los hechos.

 

Los bloques de memoria son la herencia de una colectividad diversa, diferente en lo social y en lo cultural, sin embargo, que reconoce valores comunes: patria, soberanía, nación.

 

Estos valores no son inconmovibles, se refuerzan o se destabilitan, depende de circunstancias.

 

Tradición es una palabra comprometida, tiene que ver con nación, soberanía, identidad y nacionalismo, conceptos hoy sometidos a crisis y que éstan en proceso de ser redefinidos.

 

También la palabra identidad está en aprietos: nuestra identidad, por ejemplo, suele ser algo distinto a lo que creemos que es, lo cual se aplica lo mismo a los países y a las artes.

 

Identidad se cruza con autonomía y con lingüistica, ¿es por ejemplo el idioma un signo de identidad?, ¿el lenguaje de las artes es una forma de identidad?

 

Para un país, la identidad es historia en la que se reconoce.

 

Un principio fundamental de la lógica dice que una cosa es idéntica a ella misma.

 

La identidad es la apropiación de la imagen; soy como yo mismo, pero para el otro soy como ese otro me identifica. ¿Cuál soy verdaderamente? ¿Quién creo que soy o quién creen que soy?

 

¿Qué piensa Estados Unidos de si mismo?… ¿el paradigma de la democracia, el que tiene a Dios de su parte para imponer el american way of life?… Pero, ¿qué piensan de Estados Unidos los pueblos árabes, iraquíes, vietnamitas, japoneses, mexicanos, nicaragüenses, guatemaltecos, africanos?… ¿la identidad sería la exclusión o la suma?

 

¿Y México, qué es?, ¿qué lo define?, somos muchos mexicanos, divididos entre juchitecos y norteños, entre criollos, mestizos e indígenas, ¿o uno solo?, ¿la amalgama de todo…?

 

¿Somos el México que creció y se integró a lo largo de la lucha dramática, desde Tlatelolco, la independencia con el Padre Hidalgo, la reforma con Juárez, Morelos, hasta la Revolución de 1910, Zapata, Villa, hasta Cárdenas y Lombardo? Todo esto con una deuda profunda con los pueblos indios.

 

¿O somos el México de la conraindependencia, contrarreforma, contrarrevolución? Los sueños de un gobierno vacilante, inexperto, busca sustento en doctrinas que ya fueron derrotadas.

 

En el año 2001, con motivo del aniversario de la Revolución, se recordó a don Francisco I. Madero, su bombín, su cruzada democrática, sus buenos modales, su acento trágico. Pero el aniversario de la Revolución Mexicana, que es un hecho histórico y no de partido, no se celebró.

 

¿Acaso cuando — por ejemplo — en Francia cambia el gobierno, deja de celebrarse el aniversario de la Revolución Francesa?

 

En México se recordó a Madero, pero ¿y Zapata y Villa?, ¿y la Reforma Agraria y el Articulo 123, y las luchas agrarias y las conquistas laborales de los trabajadores, Cananea y Río Blanco, el Segundo Social, la educación, la electrificación, la soberanía, el petróleo, la riqueza del subsuelo como patrimonio inalienable de la Nación?

 

En esta materia de doctrina, de teoría política al finalizar el primer año del tercer milenio, ¿qué novedad se ofrece a la sociedad mexicana como cambio?

 

Al humanismo socialista se le enfrenta el humanismo social cristiano.

 

¿Por qué no el humanismo musulmán, o el budista?, ¿cuáles preceptos serán impuestos, cuál será su modernidad?

 

La política económica, la educación, los programas sociales se normarán por: “no desearás la mujer de tu prójimo”, “diente por diente” o “no matarás”… consignas bíblicas que sustituyen a la Constitución. ¿Sustituir a Montesquieu, Rosseau, o Flores Magón, por la Madre Conchita o Juan Diego?

 

Para un país la identidad y la tradición son la historia en que éste se reconoce, quien la ignora carece de futuro.

 

Podemos hablar de una tradición local y una tradición universal, juntas constituyen el humanismo.

 

Para el poeta León Felipe, por ejemplo, en su tradición está la poesia española del Siglo de Oro; Garcilazo de la Vega, pero también Goethe y Mayakovsky. Su tradición es el humanismo del que se deriva la cultura.

 

Pero el universo de lo que se hereda como tradición empieza por expresarse en un espacio de intimidad en la relación de lo próximo, del hombre con su entorno. Es el punto de partida hacia el valor de lo universal. Lope de Vega lo expresa muy bien en un romance de su Dorotea, quie dice:

 

No sé qué tiene la aldea

donde vivo y donde muero,

que con venir de mí mismo

no puede venir más lejos.

 

El punto de partida de la universalidad del poeta surge de su conciencia de lo nacional, del reconocimiento de su espacio y de su tiempo; idea contraria al cosmopolitismo y a la vana petición del hombre universal como aspiración mesiánica sin raíz.

 

Si la identidad y la tradición son el meollo de la universalidad, ¿qué papel juegan las circunstancias?

 

En el arte, las circunstancias son el espacio múltiple en el que se celebra la ceremonia de la creación, todo lo que sucede en la sociedad, en la aldea, en el mundo, en torno al artista, y lo que ocurre en su proceso temporal, la rehilación del arte con el tiempo, del propio tiempo del arte y de éste con su entorno.

 

Circunstancias y momentos que van determinando respuestas fortuitas.

 

En la creación artística no existen procesos lineales, el artista vive el drama de la incertidumbre. Sus propuestas sueles cruzarse, se atropellan, se interfieren; sin embargo están destinadas a sobrevivir sus tiempos de divagación y onirismo.

 

La idea de nacionalismo, que parecía un debate agotado, ocurre que no, hoy como ayer es objeto de las más diversas interpretaciones.

 

El nacionalismo es parte de nuestra tradición y se aplica en lo político, en lo religioso y en lo cultural.

 

En relación con las artes, ha sido objecto de los largos debates: la literatura, la música y en particular la pintura mural, naturalmente por el contenido de la obra y por la militancia de sus protagonistas.

 

El arte mexicano significó un gran paso en el desarrollo de la nación, surgió de la entraña de un país atrasado y sometido, permitiendo a los mexicanos reconocerse, sentó las bases para un nuevo arte, colocando a México en el mundo. Naturalmente que ahora lo vemos en su lejana perspective, sin por ello haber perdido su carácter integrador.

 

En ciertos círculos “refinados”, es considerado como un arte vulgar y decadente, y en el exceso de pasión por lo extranjero, se le involucra como un agregado burocrático de los primeros gobiernos de la Revolución.

 

A principios del siglo XX arte y cultura tenían una dominante connotación europea y su influencia abarcaba al continente Americano, desde Estados Unidos, hasta Buenos Aires.

 

El movimiento de pintura mexicana es un llamado a todos y es reconocida como una nueva forma de abordar la creación artística.

 

En México, con el estallido de la primera gran revolución social del siglo XX, el subsuelo cultural fue puesto al descubierto: arte precolombino y expresiones populares de música, literatura y artesanías se muestran como componentes integradores de una conciencia nacional, singulares en la diversidad.

 

Pero el tema del nacionalismo continúa debatiéndose. Algunos herederos de la resaca “revolucionaria”, hoy dispuestos a ser integrados en la “democracia perdurable” desentierran viejos argumentos y claman: ¡basta de nacionalismos!, ¡vivimos la glablización, y debemos integrarnos a Estados Unidos!

 

Para los fundamentalismos imperiales, como para los nazis de ayer y de hoy, el nacionalismo ha sido una forma de exportación de su dominio, la puesta en práctica del racismo.

 

Para los países acosados por los imperios, ha sido el nacionalismo apropiación de su cultura, de los valores de su historia y de su tradición en defense de su soberanía.

 

Para México, nacionalismo no ha sido ni expresión de inferiodidad ante lo extremo, ni exportación de poder, ha sido un recurso defensivo, integrador y democrático.

 

No ha pretendido exportar los zarapes como signo de superioridad de lo mexicano ni a los indocumentados como avanzada estratégica de superioridad genética.

 

El nacionalismo hoy no puede seguir siendo lo que fue, la literatura constumbrista y campirana se acabó, la música con acentos de mariachi ha terminado, la pintura descriptiva de los hechos históricos ya no tiene sentido, la escultura que glorificaba a los héroes es innecesaria. Sin embargo, el concepto de llegar a lo universal por lo nacional, sigue siendo válido.

 

No se puede echar por la borda la globalización. Globalización sí, pero sin pérdida de identidad y pertenencia. Ser sujetos de la globalización y no objetos de ella.

 

Estamos en crisis, lo que no es novedad ni necesariamente negativo.

 

Cuando entré en la Academia de Artes, en mi discurso de ingreso hice afirmaciones que me parecían perdurables, muchas de las cuales pasaron en pocos años a la historia; así ocurre aceleradamente, los conceptos de ayer empiezan a desmoronarse, es política, sobreviven sólo los que están fundamentados en la tolerancia, desplazando la memoria del rencor.

 

¿Habrá qué acuñar nuevos términos?

 

La sociedad globar, la sociedad digital, ¿qué formas en arte le corresponden?, ¿cuáles requieren para que la exprese, para que la represente?, ¿qué es necesario para que el artista, sin expresarlas o representarlas, pueda reconocerse y reconocer su entorno, estar en capacidad de descubrir, de adivinar la síntesis?

 

El breve período de posmodernindad ha sido un frívolo pasatiempo espiritual que no encaja ante las demandas de un mundo que cambia, deshaciéndose en el simulacro democrático de una desequilibrada y supuesta sociedad global.

 

Por lo demás, el arte no tiene nada que ver con democracia. No podemos sustituir los valores del arte por demandas sociales o políticas. La democracia no es un humanismo, es un instrumento para ordenar la sociedad.

 

La lucha por la democracia no llena la vida espiritual del hombre. Su exaltación como paradigma puede significar una suerte de fundamentalismo, convirtiendo la democracia en una ideología (creo que se equivoca quien afirma que el conflicto en el que se debate el mundo es democracia versus terrorismo).

 

Hoy, ante los dos hechos recientes más significativos: el final del siglo XX y el inicio del tercer milenio con el signo de guerra, lo único que queda claro es la terminación de una era de la historia y la incertidumbre de la duda. Hausman, en su libro Historia del siglo XX afirma: “Si la humanidad debe tener un futuro, no será prolongando el pasado o el presente”, si intentamos construir el tercer milenio sobre esas bases fracasaremos, y el precio del fracaso… es la oscuridad. El mismo autor afirma también: “Estamos en un mundo en el que no sólo no sabemos a dónde nos dirigimos, sino tampoco a dónde deberíamos dirigirnos”.

 

En arte no podemos todavía imaginar la manera en que éste será transformado, influido, ¿o todo será igual?, ¿una pendiente al desastre? No podemos imaginar la manera de representar lo que nos rodea, en qué medida cambiará nuestra forma de percepción.

 

No lo podemos ver, está cubierto por la arena que nos ciega, provocada por los bombardeos sin  cesar ni sentido y por la publicidad casi tan violenta como la acción militar.

 

Los sucesos del 11 de septiembre han provocado un cambio espectacular en la corelación de fuerzas. La fiera ha despertado ante la afrenta, el drama, la impotencia; ante la inutilidad de los escudos antimisiles, estrategia imbatible apenas ayer y que hoy es obsoleta. El General del mundo amenaza con la “justicia infinita”. No hay dónde esconderse. Ni con qué taparse el rostro. Las parvadas de helicópteros y de jets, tienen bombas inteligentes, que piensan a dónde dirigirse. Para contrarrestar el amago que sufre la “democracia eterna” y poder ir y venir sin descanso. Contra el ántrax, la gripe asiática, el sarampión, y las armas atómicas arrojadizas con resortera.

 

El arte se escapa a las situaciones más oscuras y dramáticas; produce belleza ahí donde se escenifican los más violentos dramas. Así ocurrió con Guernica, pero aquello no era una guerra virtual o para la televisión, ¿qué arte nos aguarda?

 

Hoy vivimos el tránsito de los siglos, el tránsito de una nueva percepción del entorno, la frontera de lo desconocido, con sus componentes dramáticos, sentimientos de pérdida, de esperanza, de miedo, ¡de necesidad vital de renovación! El siglo XX fue el siglo de las guerras, se impuso la realidad sobre las fantasías, sobre cualquier género de utopía, el desarrollo tecnocientífico movido por el miedo y la ambición.

 

En el siglo XIX, Proust da la pauta para la literatura del siglo XX; Mahler, en el siglo XIX da la pauta para la música del siglo XX. Hoy, ¿qué heredamos como humanismo, como la continuidad de un siglo al otro? El tránsito de las guerras de un siglo a las guerras del otro.

 

Las deudas del resentimiento, los odios, las injusticias, la impotencia. Esa herencia sí genera reacciones suicidas por la desesperanza.

 

Pero, ¿qué sentido tiene hablar de todo esto cuando el artista se piensa como un sujeto excepcional por encima del mundo, y su arte resultado de su genio y de su universo espiritual conectado sólo con el Olimpo?

 

Es claro que el quehacer artístico se puede contemplar desde diferentes perspectivas tomando en cuenta algo esencial: la libertad.

 

El arte en la vertiente política de la ciudadanización.

 

El arte como valor en sí, separado de circunstancias históricas, globales, locales.

 

El arte como expresión de la intimidad, de la emotividad, la poética de la soledad.

 

Estas son preguntas abiertas para que cada quien las responda.

 

¿Y la libertad?, ¿cúal libertad? La única verdadera que el artista tiene es la de destruir su propia obra.

 

Lo que domina es el dinero y los sueños de gloria.

 

El arte servil al mercado no puede crecer, no puede ser salvado en la pequeñez burocrática.

 

El genio del gran arte ha estado vinculado siempre a la fe, a la religión, a la filosofía, a las ideas de justicia, de libertad, al humanismo. Lo que no significa que deba ser un arte declamatorio y menos que se le exija expresar o describir tales o cuales signos.

 

Significa que el ánima de la creación no está en el dinero… quizá en la libertad, como base de la pirpamide de los valores.

 

Existen, como sabemos, personajes que conducen y orientan la producción artística actual, trazan sus líneas. ¿Son artistas? No. ¿Son historiadores del arte, fílosofos?

 

No. Son comerciante y se les suele identificar como críticos del arte, como promotores. Los que siguen las pautas de la política y el mercado.

 

Todo esto, por supuesto, en nombre de una modernidad ineludible.

 

En la actualidad hay dos o tres formas de arte que se imponen en galerías y museos. En escultura, por ejemplo, obras que toman como materia prima la basura, los objetos de desecho industrial, construyendo, incluso, grandes monumentos. Estructuras de fierro realizadas con desecho de armas de la Guerra del Golfo, a las cuales se les agrega hormigón para que deje de ser una obra efímera. Esa tendencia que viene del arte povero de los años sesenta, es sublimado, convirtiéndose en exaltación del poderío militar y acaso del triunfo, equivalencia moderna en su espíritu bélico al monumento a Nelson.

 

Además, ¿qué significa idealizar la basura y el deshecho?, ¿qué a mayor consumo, más cerca estamos del goce estético?

 

Otra tendencia actual en los museos es la de las instalaciones, ¿serán caminos a la reflexión, a la meditación, al nirvana? O un entrenamiento para sucitar en el espectador el surgimiento espontáneo hacia la introspección filosófica, más allá del aburrimiento y la repetición de un arte decadente.

 

Me pregunto si quizá lo que significa es el rechazo a la compraventa del objeto artístico, contra los oficios considerados obsoletos, tradicionales del pintor, del escultor, del grabador.

 

Sin embargo, hay otros oficios en boga: la electrónica, la computación, la multimedia. La necesidad de apropriarse de nuevos intstrumentos de trabajo, de investigación del lenguaje, quizá también la necesidad de constatar la existencia de un mundo real y no perderse en la incertidumbre de la abstracción; probablemente en la búsqueda del encuentro con la figuración, la redención del desnudo hiperrealista. Quizá mañana los grandes museos sean los museos de las figuras de crea, como paso previo a la generalizada enajenación.

 

Sin embargo, en México los mejores artistas, aunque no lo sepan, aguardan la salida del Quinto Sol.

 

Cuadernos De Amaxac: A Fin De Cuentas, El Arte Arde En El Infierno
Federico Silva

El Sol

(De un discurso en la Universidad Autónoma de Talxcala, 1994)

 

El arte habita en la profundidad del inconsciente; es herencia del hombre desde su tránsito a lo humano.

La respiración, el pulso cardiaco y las pausas de silencio que origina el sentido del ritmo, nacen de un principio estético que, a lo largo del tiempo, evoluciona en múltiples combinaciones matemáticas.

Del erotismo y la conciencia de la muerte emerge el arte, el cual, en un proceso complejo, adquiere significados diversos: no es sólo estético, es un instrumento para el conocimiento.

El maestro Adolfo Sánchez Vázquez, refiriéndose a un escultor, establece:

(…)Es un artista de la observación, es un maestro del ver, enseña el arte de observar las cosas. La obra de arte enseña a observar exactamente… de manera profunda.

No sólo enseña lo que ella modela, sino también otros objectos. Enseña a observar en general. El arte de la observación. La obra no sólo es una representación del objecto, una explicación del objecto. La obra de arte enseña a ver justamente las cosas del mundo.

Schiller encuentra en el arte la solución entre el mundo de los sentidos y el pensamiento como un estado en que el hombre descubre la libertad.

El aporte de los artistas a la cultura consiste en que sus mejores obras contribuyen a profundizar la noción de libertad en un sentido filosófico y a afirmar la conciencia de ser.

El arte no es producto de la naturaleza, ni del instinto, ni siquiera de la sensibilidad… “esa región oscura e indeterminada del espíritu”, como dijera Hegel. El arte es un producto de la libertad ejercitada como voluntad consciente, lo que precisamente diferencia arte de artesanía.

En México, a principios del siglo XX, con la Revolución Mexicana, tomaron cause los grandes trazos, las líneas de afirmación de una cultura iniciada diez mil años atrás.

Aprendimos a vernos.

En los años veinte–en el arte– se produjo lo que se llamó el Renacimiento de la pintura mexicana.

Jean Charlot escribió: ” (…) hubo una época en México, en que todos los soles emergieron para florecer”.

Mildred Constantine, que en aquellos años vino a México para hacer un posgrado en arte colonial afírmo: “Abandoné aquel propósito y lo nuevo ganó mi imaginación y mi interés… pintores de overol plasman el significado de la Revolución en los muros públicos… Los críticos del mundo entero sentían que éste era el primer gran arte moderno que se creaba en América” .

 

El Sol
Cua
dernos De Amaxac: A Fin De Cuentas, El Arte Arde En El Infierno
Federico Silva

El Arte II

El arte es humanismo, si no fuera así, duraría lo que cualquier producto de desecho.

El arte es lo único que perdura, rebasa los decretos, las leyes, las ideologías, y no sólo perdura como forma, sino como enseñanza ética.

Los políticos desaparecen y los artistas, ya muertos, siguen haciendo política.

 

“Discurso De Ingreso A La Academia”
Cuadernos De Amaxac: A Fin De Cuentas, El Arte Arde En El Infierno
Federico Silva

El Arte

El arte, para tener un lugar en el mundo, tiene que ser prospectivo, mirar al futuro, inventar; pero sin confundires con otros, el de Francia, el de Estados Unidos o el de Argentina. No puede ser intencional (como un hotel).

 

“Discurso De Ingreso A La Academia”
Cuadernos De Amaxac: A Fin De Cuentas, El Arte Arde En El Infierno
Federico Silva

Los Aluxes

En lengua maya el plural de alux es aluxo’ob, aunque en la mayor parte de México el plural se forma como en español: aluxes. Es el nombre dado al duende o espíritu en la tradición mitológica de algunos pueblos mayas de la península de Yucatán y Guatemala. Se cree que los aluxo’ob o aluxes son pequeños, con una estatura que sólo se acerca a la altura de las rodillas de una persona normal, y con la apariencia de personas miniatura, tradicionalmente vestidas a la usanza maya. La tradición sostiene que los aluxes son invisibles generalmente, pero pueden asumir forma física con el propósito de comunicarse o espantar a los humanos así como para congregarse entre ellos. Están asociados generalmente con lugares de la naturaleza tales como los bosques, cuevas, piedras, y los campos pero también pueden ser engatusado a moverse hacia algún lugar por ofrendas. Su descripción y papel mitológico, como por ejemplo las artimañas que ellos juegan, son muy semejantes a las que tienen otras entidades míticas en varias otras tradiciones culturales (tal como el leprechaun celta o el chaneque totonaca).Se dice que habitan en los cenotes y grutas.

 

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Pasado y contin…

Pasado y continuidad,
color local e historia,
magia e ingenio,
supervivencia y libertad
son una constante del arte mexicano.
La moda, la vanguardia y el plagio, son cuestiones diferentes

“Discurso De Ingreso A La Academia”
Cuadernos De Amaxac: A Fin De Cuentas, El Arte Arde En El Infierno
Federico Silva

Juana Molina’s “Sin Guia No”

Directed by Dr. Sepian, the clip explores Tierra de Fuego’s forests as breathing subjects, along with its indigenous dwellers, the Selk’nam people. Spirits and rituals are manifested through movement during a boy’s initiation ceremony, nicely matching the song’s erratic spirit.